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Comunicación Política: liderazgo, carisma y popularidad


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El estudio de la comunicación política incluye un amplio número de cualidades a desarrollar por quien se plantea dedicarse profesionalmente a ello. La importancia de comunicar con eficiencia en función del auditorio, la manera en que se potencia la marca personal y el contar con un discurso debidamente redactado, son aspectos fundamentales para el triunfo electoral de un político. Sin embargo, y especialmente para aquel que aspira a cotas más altas, existe un elemento clave sin el cual nada de lo anterior terminaría de cobrar sentido: la capacidad de liderar.

Como se enseña en el Máster Oficial en Comunicación Política y Empresarial, de ID Digital School en colaboración con la Universidad Camilo José Cela, el liderazgo político se fundamenta en aspectos de diversa índole y no es, como cabría esperarse, un fenómeno nada fácil de definir. El tipo de liderazgo, como veremos más adelante, dependerá siempre del contexto sociocultural-en ocasiones incluso histórico- en el que nos encontremos y del rol a representar dentro de un determinado grupo. A pesar de ello, podemos definir que la capacidad de liderazgo irá siempre en relación a tres factores clave: la interacción con sus seguidores, su personalidad y las expectativas del grupo.

Tipos de liderazgo político

Históricamente, el concepto de liderazgo ha sido definido y clasificado en función del marco y el campo desde el que se contempla:

1. Liderazgo según la Psicología Social

Desde este punto de vista, el liderazgo es estudiado fundamentalmente desde la perspectiva que analiza la relación entre la masa y el líder. Por ejemplo, el que fuera director del Laboratorio Europeo de Psicología Social, Serge Moscovici, distinguió entre dos tipos de líderes: los líderes mosaicos, de autoridad humilde, discreta y modesta, que sacrifican sus intereses por la causa en la que creen; y los líderes totémicos, que potencian sus cualidades extraordinarias al tiempo que crean un halo de omnipotencia sobre su misma figura. Son aquellos quienes se sienten designados por un ente espiritual, se consideran elegidos por la naturaleza, por Dios o por una historia infalible, y así se lo hacen saber al resto. Hitler o Stalin serían claros ejemplos en este modelo de liderazgo mientras que, como referentes mosaicos podría mencionarse a Ghandi o Nelson Mandela.

MANDELA

2. Liderazgo según la Sociología

Para Max Weber el liderazgo es entendido como una forma de relación social en el que alguien es aceptado por sus seguidores y esto, puede lograrse por obediencia, pero también por adhesión. En cuanto al primer caso, el sociólogo establece 3 modelos de dominación legítima: la tradicional (se obedece según las costumbres), la carismática (logra obediencia en base a facultades extraordinarias como el heroísmo, la dialéctica o el intelecto) y la racional legal (mediante unas reglas establecidas que han de cumplirse).

Otro de los sociólogos que decidieron abordar la capacidad de liderazgo en comunicación política fue el profesor estadounidense de la Universidad de Harvard Joseph Nye, quien diferenció entre poder duro y poder blando. El poder duro ejercido por un líder político sería entendido como aquel que está fundamentado en las tareas realizadas, un rol que representa la experiencia y el conocimiento sobre un campo de conocimiento. Por otro lado, el poder blando refiere a quien destaca por su facilidad para las relaciones sociales, aquel que es capaz de comunicar de una forma cercana y empática.

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En el caso del poder duro, la idea concebida giraría a lo que se conoce como el rol político mientras que, dentro del poder blando podríamos hacer referencia al denominado como rol estilístico, cuyo mejor baluarte en los últimos años puede que haya sido Barack Obama. El expresidente de los Estados Unidos de América se mostró siempre como un líder cercano, un símbolo con quien muchas de las personas pudieran sentirse identificadas, pero con la formación y conocimientos que al mismo tiempo le elevaban sobre los demás.

Liderazgo y popularidad

Una de las principales cualidades para lograr ser un líder político eficaz es conseguir ser popular y para ello, la clave fundamental es contar con unas buenas dotes comunicativas, saber transmitir el mensaje deseado. Sin comunicación no hay popularidad y sin ser popular, no es posible liderar. Pero entonces, ¿qué es exactamente la popularidad? En boca de los expertos, esto sería la suma de tres componentes: energía, autoridad y felicidad.

Queda claro que en política, son diversas las cualidades que uno debe poseer para ejercer con cierto éxito su posición y, a la capacidad de comunicar, de lograr alcanzar cierta popularidad y ejercer un tipo de liderazgo u otro, se le debe sumar la capacidad de actuar. Sí, de actuar como el protagonista de su propia obra de teatro y mantener en todo momento el control de su personaje porque, si algo tienen en común la totalidad de líderes históricos, es la calidad como actor que demostraron todos ellos, desde el Papa Juan Pablo II a Margaret Thatcher, pasando por Ronald Reagan o Bill Clinton. Hablamos de la capacidad de transformarse a su antojo en el personaje que necesitan representar.

Liderazgo y carisma

Estamos hartos de oír hablar de ello pero aún hay disparidad de opiniones acerca de lo que es verdaderamente el carisma. Según la RAE, la palabra carisma significa, en su primera acepción, la especial capacidad de algunas personas para atraer o fascinar, y en segundo lugar, el Don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad. Conociendo esto, ya podemos hacernos una idea de la importancia que tiene para quien pretende liderar un partido político o gobernar con el apoyo de los ciudadanos en cualquier territorio o institución.

Contar con un magnetismo natural respecto a la multitud y gozar de cierto atractivo personal es una de las cualidades que más positivamente pueden contribuir a la formación de un líder que sea capaz de inspirar a sus seguidores. Aunque puede depender del contexto social y cultural en el que el individuo se encuentre, se considera que cualidades como la astucia, la agilidad mental o la confianza en uno mismo son cualidades que por norma general son siempre consideradas como carismáticas y, por tanto, sinónimo de la capacidad para liderar.

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