Un excelente libro sobre Opinión Pública y sobre Comunicación Política

En: Comunicación Institucional|Comunicación Política

20 Jun 2011

Acostumbro a escribir reseñas sobre los libros de autores españoles que abordan temáticas que me interesan: Análisis Transaccional, Teoría de la Información, Negociación, Comunicación Política… Algunos son muy buenos y pueden medirse con otros libros de autores extranjeros. 

 Un libro profundo y de lectura agradable

 Por eso, me he llevado una gran alegría comprobar que hay otros autores y libros que están muy, pero que muy por encima, de Dader. Me refiero, en este caso, a Juan Ignacio Rospir, profesor de la Universidad Complutense, que ha escrito un gran libro: Opinión Pública. La tradición americana 1908-1965. Madrid, Biblioteca Nueva, 414 páginas.

El libro de Rospir es original por dos motivos: a) estudia con rigor casi sesenta años de opinión pública en Estados Unidos y b) escribe con un estilo que atrae por su indudable carácter narrativo. Dicho de otra manera: Es un libro muy agradable de leer y del que podrían surgir varias novelas y películas. Esta mezcla de rigor e interés no es común en la prosa universitaria.

Para probar lo que afirmo, sólo necesitamos fijarnos en cómo el autor divide el libro en cinco capítulos: I.- El estudio moderno de la opinión pública; II.- La raigambre de la tradición empírica; III.- Política y Sondeos; IV.- El triunfo de la complejidad metodológica, y V.- Los beneficios compartidos.

Los Capítulos I, II, IV y V son un modelo de cómo hay que hacer agradable el rigor; el III tiene un gran interés y resulta muy importante para los estudiosos serios de la comunicación política. Y cuando adjetivo de “serios” a algunos autores, es porque pienso que también los hay nada rigurosos, aunque adopten una pose seria.

 Cómo un político competente puede comunicarse con el electorado

 Como el libro supera las cuatrocientas páginas, prefiero centrarme en el Capítulo III. Es uno de esos capítulos en los que asistimos a la ordenación precientífica del campo de la comunicación política, mediante unos personajes que tienen mucho de artistas intuitivos. Sobresalen el Presidente Franklin Delano Roosevelt y su asesor Emile Hurja. El Presidente se dio cuenta de la importancia de la radio e inauguró una nueva manera de comunicarse con los norteamericanos, por encima del Congreso y del Senado: las Charlas junto al fuego. Fue tan hábil que, en lugar de presentarse como un Presidente belicoso, supo construir la opinión pública para que los norteamericanos le vieran como un viejo hombre de Estado preocupado por las materias de seguridad y de defensa. Y la consecuencia importante fue que el Poder ejecutivo adquirió mucha más importancia que el Legislativo y el Judicial.

 Una característica de la comunicación política es que se mueve en un ambiente de confrontación. Durante la Segunda Guerra Mundial, esa pugna se desarrollaba entre aislacionistas y los que eran partidarios de que Norteamérica se implicase activamente en la guerra, yendo más allá que la simple ayuda a Inglaterra. El Presidente quería intervenir en la guerra y se propuso “educar” a la población norteamericana, para no dejar a Inglaterra sola ante la agresividad de Hitler. Roosevelt supo movilizar a directores de cine como John Ford, Frank Capra y John Huston para que ofreciesen la realidad de la guerra a los norteamericanos.

 Los científicos consolidan el campo de la comunicación política

También asistimos en el libro de Rospir a una ordenación científica del campo de la comunicación política y de la opinión pública a través de investigadores como Hadley Cantril, Daniel Katz, George Gallup, Elmo Roper, Rensis Likert. Y Carl Hovland, que desarrolló sus investigaciones sobre persuasión en la Universidad de Yale. Utilizó los documentales de Frank Capra. Ahora bien, el paso de la ordenación precientífica a la científica no fue armónico sino que su ritmo fue irregular, con desajustes importantes. Y la concepción básica de la comunicación en la propaganda fue unidireccional, cuando lo ideal hubiera sido una conexión entre actividad propagandística y sondeos.

 Para quien esté interesado en los sondeos, este libro es de gran ayuda, porque no se limita a teorizar en el vacío, sino que vamos viendo la intrahistoria de las campañas de 1936, 1940, 1944 y 1948 y los desacuerdos entre los científicos sociales, que tanto estimulan el avance de una disciplina. Según la gnoseología o teoría de la Ciencia de Gustavo Bueno, los dialogismos son una figura muy importante del eje pragmático, porque permite el intercambio de teorías y enfoques entre científicos. Este libro presenta una buena muestra de años muy importantes para la comunicación política y para la opinión pública.

 Estamos ante un libro que es el producto de años de estudio y de enseñanza y de trabajo profesional en el mundo de la asesoría en comunicación política. También resulta muy beneficioso contrastar este libro con La borrachera democrática, que Alain Minc publicó en 1995. También me parece un gran libro. Rospir estudia el ascenso y consolidación de los sondeos. Minc, la “sondeomanía”, que acecha a los políticos actuales. Es decir, gobernar según lo que dicen los sondeos, lo cual significa una degeneración de la política. El Presidente Roosevelt se interesaba mucho por conocer la realidad para intentar cambiarla según un objetivo digno: Conseguir que el pueblo norteamericano apoyase su política intervencionista. Poco tiene que ver esa manera de entender la política con la de los oportunistas que utilizan el poder para satisfacer los peores instintos de las masas.

Hay que comparar este libro con otros

No quiero concluir la reseña de este libro sin compararlo con otros, que son “un poquieto pésimos”, como9 dicen en Andalucía. Es decir, reúnen la mayor superficialidad, un lenguaje de una ridícula pedantería, una imprecisión superlativa de los conceptos básicos y sus autores demuestran una profunda ignorancia sobre Lógica y Filosofía, además de Historia, Literatura… Como ejemplo paradigmático de lo que afirmo, ya he dedicado una entrada de este Blog, hace tiempo, a cómo concibe la comunicación política José Luis Dader. En una entrada futura, me ocuparé de cómo concibe el periodismo político o de su desgraciada incursión en Habermas. Los escritos de Dader muestran un estilo próximo al de Fray Gerundio de Campazas y, a la vez, ilustran muy bien el cuento de [A1] El traje del Emperador, de Hans Christian Andersen. Y es un deber comportarnos como el niño del cuento cuando dijo lo que veía- “el rey está desnudo”-, para no caer en la visión falsa de quienes contemplaban el desfile.


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Acerca de este Blog

Felicísimo Valbuena de la Fuente es Licenciado y Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es Catedrático en la Facultad de Ciencias de la Información.

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