¿Qué significa participar en política para Elisabeth Noëlle-Neumann?

En: Comunicación Política

10 Abr 2010

El triple sentido del adjetivo «público»

Escribía en mi última entrada que Elisabeth Noëlle-Neumann supo aguantar durante años la soledad que suponía distinguirse de los principales estudiosos sobre opinión pública y medios de comunicación. Prefirió la compañía de los autores clásicos, en los que veía reflejado su pensamiento. Sostenía que los medios de comunicación ejercían mucha mayor influencia de lo que opinaban los demás autores. Ahora bien, si vamos al fondo de las cosas, lo que la investigadora y profesora alemana resaltaba contra sus críticos era un triple sentido en el adjetivo público: el jurídico, el político y el psicosociológico.

Entiende el sentido jurídico como «apertura»: lo abierto a todo el mundo -un lugar público, un camino público, un juicio público- en cuanto distinto de la esfera privada (del latín privare), que es algo distinguido o apartado como propio. Encuentra que el sentido político está en las expresiones «derechos públicos y poder público»: «la responsabilidad pública de los periodistas» significa que deben preocuparse por problemas que nos ata en a todos, relacionados con el bienestar general. Para defender esos derechos, el Estado se reserva el monopolio de la fuerza.

En cuanto al el sentido psicosociológico, ella distingue entre una persona «interior» o privada y «exterior» o pública. La primera se ve obligada a atender a las exigencias de vivir «hacia fuera», a la dimensión social de su medio. ¿Y qué es lo que la obliga? El miedo al aislamiento, a la mala fama, a la impopularidad. El «ojo público» no cesa de actuar y la persona no deja de mirar a ese ojo. Después, se comportan en consecuencia.

 La inconstancia de las opiniones

Una corriente de varias décadas sostenía que los lectores, radioyentes y telespectadores percibían selectivamente lo que les llegaba a través de los medios. O dicho de otra manera, que sólo atendían a aquello que reforzaba sus ideas y actitudes. Y a pesar de las correcciones que introdujeron investigadores tan importantes como Lazarsfeld, Berelson y Gaudet, N.-N  acentuó lo siguiente: si la percepción selectiva estuviese siempre activada en los sujetos, apenas se produciría movimiento y cambio en las actitudes y opiniones. Los medios no podrían ser vehículos de información sino sólo de persuasión. Los informadores siempre se estarían esforzando por salvar la barrera selectiva de quien percibe. En tal caso, ¿qué pasaría con la publicidad? ¿Cómo es posible que, sin embargo, cada día se vuelquen sobre los medios cantidades asombrosas de dinero destinadas a los mensajes persuasivos? Ésta es una de las señales de que la percepción selectiva no funciona siempre, pues los publicitarios actúan buscando precisamente sobrepasar esa selectividad.

En el libro, este argumento «fuerte» desaparece y, en su lugar, prefiere N.-N. enlazar con Walter Lippman y con menciones a Alemania y Estados Unidos, que desdibujan la marcha de su razonar. Sobre este punto, creo que es mejor la N.-N. de los artículos. Por eso, prolongo el argumento con esta cita de un gran teórico e investigador, Todd Gitlin:

«La inconstancia de las lealtades es un prerrequisito de la sociedad capitalista, donde la propiedad sucumbe rutinariamente a los reclamos de la riqueza y de la acumulación. En la fase del capitalismo de alto consumo, especialmente, cuando “nuevo” es la afirmación simbólica del valor positivo y “pasado de moda” un emblema del atraso, “cambiar la mente propia” sobre los productos es un suceso rutinario. Y generalmente en el ámbito de la vida pública, nos enfrentamos frecuentemente con nuevas agendas políticas (digamos, la ecología), y no digamos las invenciones tecnológicas, “tendencias” sociales, celebridades y artefactos culturales, cuando nos vemos provocados a tener, en primer lugar, opiniones sobre ellas. El cambio de las políticas de estado pide rutinariamente la movilización y cambio de la opinión pública ».

El lenguaje no verbal de la participación en política

 Por otra parte, las personas están observando continuamente los acontecimientos de su ambiente de forma consciente e inconsciente. Esa observación no es pasiva sino evaluadora, puesto que va asignando valores a las opiniones que están en alza o en baja. E inmediatamente, las observaciones cuasi-estadísticas se traducen en comportamientos dentro de esa esfera.

¿Y cómo sabe alguien lo que está en alza o está en baja?

La diferencia que establece Elisabeth Noëlle-Neumann es entre quienes «hablan» y quienes «se callan». Y aquí es donde ella elabora unas encuestas en las que especifica un grado creciente de participación en política.

«¿Estaría usted dispuesto a hacer una o más de estas cosas por su partido preferido?». No es lo mismo preguntar si estaría dispuesto a comprometerse nada, algo, bastante, mucho. Las encuestas daban a elegir entre estas posibilidades de compromiso creciente:

– Ayudar económicamente;

– llevar un pin de campa a o una pegatina en la solapa;

– poner una pegatina del partido en el coche propio;

– ir de puerta en puerta para explicar el programa del partido a personas desconocidas;

– colgar un cartel o símbolo del partido en la casa o en una ventana;

– salir a colocar propaganda del partido en lugares públicos;

– participar en una conversación en la calle apoyando al partido;

– asistir a una concentración en favor de este partido;

– levantarse en un mitin de ese partido para decir algo en la discusión si pareciera importante;

– defender el punto de vista de ese partido en mítines de otros partidos;

– ayudar a repartir la propaganda electoral.

Seguiré ocupándome próximamente de más aspectos del pensamiento de la investigadora y profesora alemana.

 

 

 

 

 

 

Máster Comunicación Política

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Acerca de este Blog

Felicísimo Valbuena de la Fuente es Licenciado y Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es Catedrático en la Facultad de Ciencias de la Información.

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