¿Por qué hay tantos asesores en los Ministerios?

En: Comunicación Política

23 Sep 2009

No he podido escribir en este Blog durante casi dos semanas porque unas obligaciones profesionales han exigido todo el tiempo de que disponía. Ahora regreso, con muchas ganas de seguir exponiendo mis puntos de vista sobre comunicación política, comunicación empresarial, comunicación institucional y Análisis Transaccional.

Cuando los medios de comunicación se ocupan de los despilfarros de los políticos, suelen resaltar que gastan muchos fondos en contratar a asesores de muy diferentes tipos, entre los que se cuentan los asesores en comunicación política. Durante bastante tiempo, estuve buscando una explicación convincente del por qué de estas contrataciones. Quiero decir, una explicación estructural, no simplemente psicológica o sociológica, que muchas veces parecen encontrarse en un estado gaseoso. Hasta que me pareció encontrarla. Siento, pero no demasiado, que la explicación no fuera mía. Sencillamente, porque los autores Jonathan Lynn y Anthony Jay se encuentran entre mis preferidos en comedia y en comunicación política.

Estos dos autores escribieron Sí, Ministro y Sí, Primer Ministro, a finales de los años setenta y primeros de los ochenta. La BBC transformó todos los capítulos en dos series de televisión, que llevaron los mismos títulos que los libros. Para muchos, esas dos series se encuentran entre las mejores- para muchos, las mejores- comedias de la televisión en el siglo pasado y que todavía no han sido superadas. Sin embargo, y con ser esto muy importante, sus dos libros son obras excelentes sobre comunicación política y comunicación institucional. Pienso escribir dos artículos, uno extenso y otro, más breve, sobre el contenido de estas dos series. Y como adelanto de estos dos artículos sobre comunicación política, que me van a llevar varios meses, ofrezco hoy una muestra de cómo Jay y Lynn se enfrentan con un hecho político.

Los tres personajes principales son James Hacker, Ministro y, después, Primer Ministro inglés; Sir Humphrey, Secretario Permanente del Primer Ministro y Bernard Woolley, secretario personal de Hacker.

«Era teóricamente cierto, como sostenía Sir Humphrey, que los Ministros son- y lo eran en la década de 1980- responsables de la política. Sin embargo, en la práctica, los Ministros son responsables de muy poca política, puesto que la vida útil de un gobierno es de unos dos años. El primer año, el gobierno aprende que las promesas hechas desde la oposición no se pueden cumplir una vez que está en el poder; cuando el gobierno llega al poder debe afrontar los problemas reales que de verdad existen e invariablemente están relacionados con la situación económica existente. Ésta puede ser espantosa o bien catastrófica; y la medida del horror ha sido invariablemente ocultada a la nación y, por lo tanto, a la oposición.

Mientras el nuevo gobierno se esfuerza por resolver estos problemas, depende de los economistas y del Tesoro. Esto es un poco desafortunado: los economistas viven en un estado de total confusión y desorden intelectual, y están demasiado ocupados discutiendo los unos con los otros para poder asesorar a los políticos, que por lo general, son bastante ignorantes en materia económica. Y, por otra parte, el Tesoro ha tenido muy mala suerte con sus pronósticos económicos durante, aproximadamente, los últimos sesenta años. De modo que después de un período variable entre un año y dieciocho meses, los Ministros llegan a comprender la situación tal como es. Hay entonces dos años de tiempo para gobernar de forma potencialmente seria, y luego se inicia la carrera para las próximas elecciones generales. En ese momento, el éxito debe subordinarse a la conquista de votos; o mejor dicho, conseguir votos se convierte en la única medida del éxito. Los últimos dos años se parecen a la preparación de un examen: nadie hace nada nuevo; solo trata de aprobar el examen.

Por lo tanto -y nadie lo sabía mejor que él- cuando Sir Humphrey afirmaba que los Ministros determinan la política se refería, en el mejor de los casos, a dos años de cada cinco…

De lo dicho surge una pregunta interesante. Si el Ministro impone una política dos años sobre cinco, ¿quién desarrolla la política durante los tres años restantes? Es obvio que la Administración púbica ha llenado siempre ese vacío. Y esto, a su vez, crea graves problemas durante los dos años de «gobierno de verdad» de Ministros, que con frecuencia se reducen a una guerra entre la política del Ministro y la política del Ministerio.

Sólo en un caso es posible evitar ese vacío de dieciocho meses al principio de un gobierno: cuando el gobierno es reelegido para un segundo período con una mayoría suficiente. En 1980 hacía un cuarto de siglo que no ocurría esto en Inglaterra. Por eso siempre ha sido absurdo identificar a la Administración Pública como conservadora o laborista. Los funcionarios desean y esperan la alternancia regular de los gobiernos, porque gracias a ella, la Administración Pública se ve libre, en el mayor grado posible, del control de los Ministros. Si estos permanecieran demasiado tiempo en el gobierno, probablemente empezarían a pensar que saben cómo gobernar el país».

Al principio de Sí, Ministro, y durante varios capítulos, Hacker tiene un asesor personal, Frank Weisel, que tiene que corregir continuamente a Sir Humphrey y y a Bernard, que pronuncian «Weasel» (Comadreja). Después, desaparece de escena, sin duda por la eficiencia de los dos Secretarios en muchos aspectos, fundamentalmente en comunicación institucional y comunicación política.

En resumen: Inglaterra ha consagrado el poder de los altos funcionarios, que son quienes mantienen el Estado en funcionamiento, aun luchando en contra de los Ministros, sean del partido Conservador o del Laborista. En España, han proliferado los asesores, también en comunicación política y comunicación institucional precisamente porque los Ministros quieren imponer su política contra los funcionarios que pudieran boicotearla. Es decir, lo que en el fondo hay en la contratación excesiva de asesores ha sido la desconfianza de los políticos hacia los funcionarios, por muy capaces que éstos sean.

Máster Comunicación Política

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Ignacio Jiménez

septiembre 24th, 2009 at 10:07 pm

Vaya, los asesores como blindaje; los asesores como cinturón sanitario entre lo efímero y conocido (el político) y lo que permanece y desconocido (la administración pública). Una buena razón.

Hay además muy poco nivel técnico en muchos de los asesores de imagen. Algunos son periodistas cortesanos que son premiados pasándolos de la precariedad de la redacción al glamour prestado de los ministerios. Esa es otra historia sobre la que también habrá que escribir…

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F.Valbuena

septiembre 25th, 2009 at 6:50 pm

Ignacio:

Te felicito por tu sagacidad. Te invito, también, a que leas lo que ahora voy a introducir en el Blog. Es a propósito del poco nivel que muestran quienes asesoran a Rajoy. La suerte de Zapatero es que puede cometer muchos errores, pero enfrente tiene a unos asesores de Rajoy -si los tiene- que son unos inútiles. Que un gran número de diputados se hayan ausentado del Parlamento, es lamentable, pero que Rajoy haya justificado el absentismo, es un hecho incalificable. ¡Qué suerte tiene el PSOE!. No hacen falta escándalos como el Gürtel. La vida diaria va demostrando que hacen falta políticos mucho más profesionales en la oposición.

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Acerca de este Blog

Felicísimo Valbuena de la Fuente es Licenciado y Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es Catedrático en la Facultad de Ciencias de la Información.

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