La ciencia-ficción en la comunicación institucional

En: Comunicación Institucional

10 Ago 2009

Los guiones imaginativos, primera forma de mirar hacia adelante

En mi anterior entrada en este Blog, dentro del apartado de Comunicación Institucional, anunciaba que iba a seguir ocupándome de la Prospectiva. Más en concreto, voy a partir de las categorías que estableció Herman Khan. Efectivamente, en la ordenación precientífica de cualquier disciplina -en este caso, de la Comunicación Institucional-, están presentes tecnologías o un arte desarrollado. Cualquier disciplina entra en el campo científico cuando los estudiosos establecen categorías.

  Khan distingue las siguientes formas de mirar hacia adelante:

           1.- Guiones imaginativos y/o contingentes.

            2.- Proyecciones varias (incluyendo las «ingenuas» y las «a prueba de sorpresas».

            3.- Pronósticos.

            4.- Predicciones.

            5.- Profecías y revelaciones.  

            1984, de George Orwell, una obra que da las claves para entender varias épocas

 Los guiones imaginativos vienen a ser ciencia-ficción. En Comunicación Institucional  sabemos que algunas cosas de estos guiones pueden cumplirse. Hay muchos ejemplos- sin salir de Internet, es muy útil consultar la voz Distopia-, pero hoy me voy a ocupar de un libro muy importante: 1984, del inglés Georges. Fue testigo, durante la Guerra Civil española cómo los comunistas masacraron en Barcelona a los trostkistas. Después, escribió esa obra de ciencia-ficción, en la que adelantó una sociedad que se atenía a las pautas del totalitarismo. En Comunicación Institucional, conviene tener presente que las obras de ciencia ficción que parecen concebidas para una determinada época, pueden retratar también otras.

De acuerdo con esto, Orwell no sólo expuso los mecanismos del estalinismo, sino los de cualquier forma de dictadura o secta. Efectivamente, tomemos la imaginaria Oceanía de  1984 y comprobemos los rasgos que Orwell identifica.

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George Orwell

 

              Negroblanco y Doblepensar

           «La sociedad oceánica se apoya en definitiva sobre la creencia de que el Gran Hermano es omnipotente y que el Partido es infalible. Pero como en realidad el Gran Hermano no es omnipotente y el Partido no es infalible, se requiere una incesante flexibilidad para enfrentarse con los hechos. La palabra clave en esto es negroblanco. Como tantas palabras neolingüísticas, ésta tiene dos significados contradictorios. Aplicada a un contrario, significa la costumbre de asegurar descaradamente que lo negro es blanco en contradicción con la realidad de los hechos. Aplicada a un miembro del Partido significa la buena y leal voluntad de afirmar que lo negro es blanco cuando la disciplina del Partido lo exija. Pero también se designa con esa palabra la facultad de creer que lo negro es blanco, más aún, de saber que lo negro es blanco y olvidar que alguna vez se creyó lo contrario. Esto exige una continua alteración del pasado, posible gracias al sistema de pensamiento que abarca a todo lo demás y que se conoce con el nombre de doblepensar».

 Quien quiera estudiar el estado de la comunicación institucional en un caso concreto, tiene estos dos indicadores. Hay quienes están dispuestos a afirmar lo contrario de lo que piensan a cambio de dinero, status, casamientos ventajosos… Una comunicación institucional degenerada equivale a no reconocer el sentido de la realidad.

Para ilustrar los dos términos de Orwell y la importancia que han tenido en diversas épocas de la Literatura, y la importancia de lo que podríamos llamar “comunicación institucional” en esos tiempos, podemos acudir al excelente artículo Territorio Berne: Creatividad, sumisión y picaresca, de Mariano Bucero Romanillos, que ha publicado en el nº 60- primer semestre- de la Revista de Análisis Transaccional y Psicología Humanista. Bucero estudia desde la perspectiva de Berne cuatro historias que también podemos aplicar a la comunicación institucional degenerada, de la que venimos hablando: El cuento XXXII, del Libro de los exemplos del Conde et de Patronio (entre 1330 y 1335), de D. Juan Manuel, cuando narra la historia de un rey moro al que le llegaron tres pícaros a palacio; el “entremés” titulado El Retablo de las Maravillas (1615), de Miguel de Cervantes; El traje nuevo del emperador (entre 1835 y 1844), de Hans Christian Andersen; finalmente, la historia de las subprime en los tiempos actuales.

            Reescribir la historia

 El falseamiento de la historia es otro de los riesgos que acechan a la comunicación institucional. Orwell ilustra muy bien cómo trabajan los funcionarios para «reescribir la historia».

El personal del Departamento de Registro, dentro del Ministerio de la Verdad, toman un ejemplar del Times, lo corrigen y lo vuelven a imprimir. Destruyen el ejemplar primitivo e introducen en el archivo el ejemplar corregido.

         «Este proceso de continua alteración no se aplicaba sólo a los periódicos, sino a los libros, revistas, folletos, carteles, programas, películas, bandas sonoras, historietas para niños, fotografías… es decir, a toda clase de documentación o literatura que pudiera tener algún significado político o ideológico. Diariamente y casi minuto por minuto, el pasado era puesto al día. De este modo, todas las predicciones hechas por el Partido resultaban acertadas según prueba documental. Toda la historia se convertía en un palimpsesto, raspado y vuelto a escribir con toda la frecuencia necesaria. En ningún caso habría sido posible demostrar la existencia de una falsificación». 

 Una de las razones por las que tienen poco éxito algunas lujosas publicaciones de comunicación institucional es porque presentan una versión «aureolar» de los acontecimientos, que no se corresponden con la realidad. Sin embargo, hay profesionales de la comunicación institucional que sí tienen éxito porque reflejan la realidad lo más fielmente posible. Me es grato mencionar aquí el trabajo que están realizando Carlos Berbell y Yolanda Rodríguez gestionando la imagen del Consejo General del Poder Judicial.

           «Había también un gran numero de empleados cuya labor sólo consistía en redactar listas de libros y periódicos que debían ser «repasados». Los documentos corregidos se guardaban y los ejemplares originales eran destruidos en hornos ocultos. Por último, en un lugar desconocido estaban los cerebros directores que coordinaban todos estos esfuerzos y establecían las líneas políticas según las cuales un fragmento del pasado había de ser conservado, falsificado otro, y otro borrado de la existencia».

 Desde la perspectiva de la comunicación institucional, podemos contemplar la polémica entre historiadores en España según este párrafo de Orwell, aunque quitando las exageraciones que son propias de las ficciones distópicas, como es la obra de Orwell.

            «Una gran parte de la literatura política de aquellos cinco años quedaba anticuada, absolutamente inservible. Documentos e informes de todas clases, periódicos, libros, folletos de propaganda, películas, bandas sonoras, fotografías… todo ello tenía que ser rectificado a la velocidad del rayo. Aunque nunca se daban órdenes en estos casos, se sabía que los jefes de departamento deseaban que dentro de una semana no quedara en toda Oceanía ni una sola referencia a la guerra con Eurasia ni a la alianza con Asia Oriental».

También desde la comunicación institucional tiene una importancia, que podemos ver con mucho humor, cuando algunos profesores y tertulianos se adaptan rápidamente a los cambios políticos.

            Las personas vaporizadas y las no-personas

Es importante que, en todo este proceso, nadie confiese que se ha modificado algo, nadie dé a entender que ni remotamente se esté cometiendo una falsificación en esa comunicación degenerada. El material para excusarse son erratas de imprenta o citas equivocadas, que era necesario poner bien en interés de la verdad.

            «Los acontecimientos pretéritos no tienen existencia objetiva, sostiene el Partido, sino que sobreviven sólo en los documentos y en las memorias de los hombres. El pasado es únicamente lo que digan los testimonios escritos y la memoria humana. Pero como quiera que el Partido controla por completo todos los documentos y también la mente de todos sus miembros, resulta que el pasado será lo que el Partido quiera que sea. También resulta que, aunque el pasado puede ser cambiado, nunca lo ha sido en ningún caso concreto. En efecto, cada vez que ha habido que darle nueva forma por las exigencias del momento, esta nueva versión es ya el pasado y no ha existido ningún pasado diferente. Esto sigue siendo así incluso cuando –como ocurre a menudo– el mismo acontecimiento tenga que ser alterado, hasta hacerse irreconocible, varias veces en el transcurso de un año. En cualquier momento se halla el Partido en posesión de la verdad absoluta y, naturalmente, lo absoluto no puede haber sido diferente de lo que es ahora».

 ¿Cuál es el resultado, para la comunicación institucional degenerada, de dejar a un lado la realidad? Uno parcial; otro total. El parcial es la vaporización. Las personas vaporizadas son las que, aunque hayan realizado acciones valiosas, es como si no hubieran venido a este mundo. Son no- personas.

            El objetivo final de la comunicación institucional degenerada: La identificación con el Gran Hermano

El total es la sumisión de los ciudadanos, la identificación con el Gran Hermano. Aquí está el propósito final de la comunicación institucional degenerada.

            «Hacía aceptar las violaciones más flagrantes de la realidad porque nadie comprendía del todo la enormidad de lo que se les exigía ni se interesaba lo suficiente por los acontecimientos públicos para darse cuenta de lo que ocurría. Por falta de comprensión, todos eran políticamente sanos y fieles. Sencillamente, se lo tragaban todo y lo que se tragaban no les sentaba mal porque no les dejaba residuos lo mismo que un grano de trigo puede pasar, sin ser digerido y sin hacerle daño, por el cuerpecito de un pájaro».

                «Se verá, pues, que el control del pasado depende por completo del entrenamiento de la memoria. La seguridad de que todos los escritos están de acuerdo con el punto de vista ortodoxo que exigen las circunstancias, no es más que una labor mecánica. Pero también es preciso recordar que los acontecimientos ocurrieron de la manera deseada. Y si es necesario adaptar de nuevo nuestros recuerdos o falsificar los documentos, también es necesario olvidar que se ha hecho esto. Este truco puede aprenderse como cualquier otra técnica mental. La mayoría de los miembros del Partido lo aprenden y desde luego lo consiguen muy bien todos aquellos que son inteligentes además de ortodoxos. En el antiguo idioma se conoce esta operación con toda franqueza como “control de la realidad”. En neolengua se le llama doblepensar, aunque también es verdad que doblepensar comprende muchas cosas».

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 Doblepensar significa el poder, la facultad de sostener dos opiniones contradictorias simultáneamente, dos creencias contrarias albergadas a la vez en la mente. El intelectual del Partido sabe en qué dirección han de ser alterados sus recuerdos- por tanto, sabe que está trucando la realidad; pero al mismo tiempo se satisface a sí mismo por medio del ejercicio del doblepensar en el sentido de que la realidad no queda violada. Este proceso ha de ser consciente, pues, si no, no se verificaría con la suficiente precisión, pero también tiene que ser inconsciente para que no deje un sentimiento de falsedad y, por tanto, de culpabilidad. El doblepensar está arraigado en el corazón mismo del Ingsoc, ya que el acto esencial del Partido es el empleo del engaño consciente, conservando a la vez la firmeza de propósito que caracteriza a la auténtica honradez. Decir mentiras a la vez que se cree sinceramente en ellas olvidar todo hecho que no convenga recordar, y luego, cuando vuelva a ser necesario, sacarlo del olvido sólo por el tiempo que convenga, negar la existencia de la realidad objetiva sin dejar ni por un momento de saber que existe esa realidad que se niega…, todo esto es indispensable. Incluso para usar la palabra doblepensar es preciso emplear el doblepensar. Porque para usar la palabra se admite que se están haciendo trampas con la realidad. Mediante un nuevo acto de doblepensar se borra este conocimiento; y así indefinidamente, manteniéndose la mentira siempre unos pasos delante de la verdad. En definitiva, gracias al doblepensar ha sido capaz el Partido–y seguirá siéndolo durante miles de años– de parar el curso de la Historia.

 Para resumir el clima que tal estado de cosas crea, ORWELL forja una de esas máximas que le han hecho tan célebre: La libertad es poder decir libremente que dos y dos son cuatro. Si se concede esto, todo lo demás vendrá por sus pasos contados.

            La Semana del Odio y la Policía del Pensamiento

A la hora de exponer lo que ahora se denomina «política cultural», ORWELL lo hace así.

            «Seguían en pleno hervor los preparativos para la Semana del Odio y los funcionarios de todos los Ministerios dedicaban a esta tarea horas extraordinarias. Había que organizar los desfiles, manifestaciones, conferencias, exposiciones de figuras de cera, programas cinematográficos y de telepantalla, erigir tribunas, construir efigies, inventar consignas, escribir canciones, extender rumores, falsificar fotografías. La sección de Julia en el Departamento de Novela había interrumpido su tarea habitual y confeccionaba una serie de panfletos de atrocidades. Winston, aparte de su trabajo corriente, pasaba mucho tiempo cada día revisando colecciones del Times  y alterando o embelleciendo noticias que iban a ser citadas en los discursos [1]».

            Lo único eficaz en Oceanía es la Policía del Pensamiento.

 En resumen: los guiones imaginativos pueden arrojar una luz extraordinaria sobre diversos aspectos del futuro, y más en concreto, de la comunicación institucional en ese futuro. He tomado como ejemplo 1984, de George Orwell, y es posible estudiar bastantes más. Y aunque la gran mayoría de las obras de ciencia-ficción con pesimistas, para la comunicación institucional puede reflejar el camino del no-ser, que tan importante es tener en cuenta, como ya nos enseñó Parménides.

 

 


[1]      Ibíd. P. 150. 
Máster Comunicación Institucional

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Acerca de este Blog

Felicísimo Valbuena de la Fuente es Licenciado y Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es Catedrático en la Facultad de Ciencias de la Información.

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