Esencia y formas del camelo

En: Comunicación Política

2 Jul 2010

El gran filósofo alemán Max Scheler escribió Esencia y formas de la simpatía en 1923. Pues bien, a pesar de los 87 añ os transcurridos, este libro sigue vivo. En 2005, la Editorial Sígueme publicó una edición excelente. Y antes, la Editorial Losada, de Buenos Aires.

Cada día que transcurre, voy cayendo más en la cuenta de lo que necesitamos una sección o libro que podemos titular como el libro de Scheler, pero cambiando sólo una palabra. En lugar de “simpatía”, poner “camelo”.

¿Qué es el camelo?

Confieso que me gusta más el Diccionario de uso del español, de María Moliner, que el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) , pero no escribo hoy para justificar esta preferencia. He acudido al Diccionario de M. Moliner y del nombre “camelo” dice que es “informal” e “impropio del lenguaje esmerado”. Sin embargo, la que fue muchos años bibliotecaria de la Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid nos ofrece definiciones esmeradísimas.

“Cosa que aparenta ser algo bueno que no es en la realidad o que se hace pasar por algo bueno que no es”. “Engañifa”. Y “dar (el) camelo” es engañar o estafar haciendo creer que una cosa es buena o mejor de lo que es.

¿Por qué añadir más palabras a las definiciones de M. Moliner? Podríamos decir que en ellas está encerrada la esencia del camelo. Lo cual no quiere decir que, en otra u otras entradas no me vaya a ocupar de la teoría de las apariencias veraces y falaces que elaboró Gustavo Bueno en su libro Televisión: Apariencia y Verdad (Gedisa, 2000).

  Ejemplos de profesiones que se prestan al camelo

 Creo que hay determinadas profesiones que están demasiado infladas de falso prestigio y que se prestan mucho al camelo. Puesto a concretar, pienso que “director de cine” y “experto en comunicación política” son dos buenos ejemplos de lo que quiero decir. Efectivamente, cualquiera puede ser director de cine. Conocer y dominar el lenguaje cinematográfico es mucho más fácil de lo que parece. Incluso, dirigir una película está al alcance de quien tenga medios económicos para hacerla realidad. Ha habido directores de cine que eran unos buenos artesanos y podían dirigir hasta siete películas al año. Tanto trabajo no equivalía a que dirigieran buenas películas. ¿Es una falsedad afirmar que la calidad de una película depende de la de su guión?. Grandes directores de cine, que dominaban muy bien su oficio, fracasaron cuando no pudieron contar con un buen guión. Por tanto, el prestigio del sintagma “director de cine” depende del trabajo sin reconocer de un buen guionista. Y muchos directores se apropian de un mérito que, en gran parte, no les pertenece.

Lo mismo ocurre con el sintagma “experto en comunicación política”. Hay muchos de estos expertos, sí, pero ¿quién tiene ideas válidas?. Muy pocos. En este Blog dediqué tres entradas a quien, según sigo viendo las cosas, es el único experto que ha demostrado en España que sabía muy bien lo que se hacía: Julio Feo.

No sólo demasiados profesionales del cine o de la comunicación política tienden al camelo. También hay críticos de cine y profesores de comunicación política que escriben auténticos camelos. Y también, profesores de otras asignaturas.

Creo que he leído todos los libros que William Agee (1909-1955) y Stanley Kauffman (1916-…) publicaron con sus críticas. Son los críticos de cine a los que más estimo (el primero murió joven; el segundo quizá llegue a centenario). Estoy convencido de que, con cada una de sus críticas, enseñaban algo, o mucho. No puedo decir lo mismo de otros “críticos”.

También he leído muchos libros de comunicación política y aseguro que unos son buenos y otros son auténticos camelos, en todo o en parte.

Con esta entrada que ahora acabo de escribir, anuncio que me seguiré ocupando del camelo y de sus manifestaciones varias.

Máster Comunicación Política

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Fermín Arias

julio 4th, 2010 at 11:05 am

Profesor Valbuena: Ya dijo Platón que los sabios hablan porque tienen algo que decir; los tontos, porque tienen que decir algo. El problema viene si quien recibe un mensaje no es capaz de distinguir la sabiduría de las apariencias falaces. Cito a Gustavo Bueno: “El receptor «ya no es capaz de apreciar la diferencia entre un spot publicitario y una información política»”. Hay mucho farsante y mucho camelo en directores de cine que se aprovechan de esa ignorancia, se alimentan de un sistema que les aúpa a cambio de cejas, se acaban creyendo artistas e incluso sabios, cuando en realidad no dejan ningún poso ni nada que aporte algo.

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F.Valbuena

octubre 10th, 2010 at 11:25 am

Aunque tarde, le respondo. Tiene usted mucha razón. El camelo avanza con pasos de gigante. Es como una marea que invade zonas cada vez más amplias de la realidad. Lo de los directores de cine en España -y en Europa- es de aurora boreal. ¿Por qué tenemos que subvencionar a todos esos “profesionales”, cuando la mayoría de las películas españolas, europeas y norteamericanas no tienen un pase? ¿Qué es eo de la “excepción cultural”? Cuando hay creatividad, ingenio y genio, no hacen falta subvenciones. ¿Es que los italianos no eran geniales con la mayoría de su cine de los años 40-60? ¿Es que los españoles no han tenido una auténtica Edad de Oro con Berlanga y el guionista Azcona? ¿Por qué tenemos que subvencionar a Almodóvar? Si tiene fama y la fama le resulta muy rentable, pues ya está. Los contribuyentes españoles no tienen por qué subvencionar a Almodóvar. Si las televisiones encargan películas a Benito Zambrano, el excelente director de Solas y de Padre Coraje, muy bien. Pero nosotros no tenemos por qué subvencionar a Benito Zambrano. Si, según tengo entendido, Antena 3 o Tele5 ha financiado la próxima película de Mikel Urbizu, el extraordinario director de La Caja 507, nosotros no tenemos por qué financiarle. Ya tendrá él éxito, porque es un guionista fuera de serie.

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Acerca de este Blog

Felicísimo Valbuena de la Fuente es Licenciado y Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es Catedrático en la Facultad de Ciencias de la Información.

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