Dos grandes libros de un gran autor: José Luis Orozco

En: Comunicación Política

9 Sep 2010

La doble perspectiva de estos dos libros

Para abordar estas dos obras, acudo a una distinción que acuñó Kenneth L. Pike, que ya he empleado en otra ocasión:

«Cuando el lingüista, el etnólogo, el antropólogo, el historiador dicen intentar el conocimiento de determinadas instituciones, gestas, ceremonias o, en general, contenidos culturales de un pueblo estarían propiamente:

(1) (a) O bien tratando de reproducir esos contenidos culturales tal como se les aparecen a los individuos humanos (actores, agentes) que pertenecen al pueblo o cultura de referencia; (b) o bien tratando de reproducir las operaciones que los sujetos agentes de esas gestas, ceremonias, etc. llevan a efecto cuando las realizan. En los casos (a) y (b) se estaría procediendo desde un punto de vista emic» (Gustavo Bueno, en Diccionario Filosófico, de Pelayo García Sierra, Oviedo, Pentalfa, 2000, P. 367).

En el primero de estos libros- Érase una Utopía en América. Los orígenes del pensamiento político norteamericano-, José Luis Orozco, Catedrático de Ciencias Política en la Universidad Autónoma de México, ha utilizado esta perspectiva. De manera que prácticamente todos los testimonios que aparecen en el libro proceden de los escritos y manifestaciones de los Padres Fundadores de lo que actualmente conocemos por Estados Unidos de Norteamérica. Y el profesor Orozco satura su libro con tantos párrafos de Thomas Jefferson, Alexander Hamilton, James Madison y, en menor medida, George Washington… que nos parece estar asistiendo a una historia apasionante. A veces nos asombra que, con tal cantidad de desacuerdos, aventuras y hasta un célebre duelo- como aquél en el que Aaron Burr mató a Alexander Hamilton en 1804-, al final surgiese el Imperio que llega hasta hoy.

(2) O bien se está tratando de reproducir, o al menos, fijar las coordenadas, de estos contenidos culturales a partir de factores que acaso no son percibidos como internos por los miembros de ese pueblo, o agente de referencia, sin que por ello (al menos, según la tesis «eticista») tengamos que abandonar la pretensión de haber alcanzado un mayor grado de potencia en la reconstrucción. Estaremos entonces en la perspectiva etic.

Ejemplo: desde la perspectiva emic de Cristóbal Colón, de los Reyes Católicos, o de quienes apoyaron la empresa de la «navegación hacia el Poniente», puede decirse que Colón no descubrió América (Colón creyó haber llegado al Cipango o al Catay) y que la empresa no se organizó para descubrirla. Pero desde una perspectiva etic, que es la nuestra (la de nuestra Geografía), habrá que decir que Colón descubrió América».

Es la perspectiva predominante que adopta el autor en su segundo libro- La Odisea Pragmática-. Le acompañamos mientras recorre sistemáticamente las aportaciones de los principales pensadores y filósofos pragmáticos del siglo XX. Aunque no sólo aparecen ellos. También, y con sus expresiones, políticos y hombres de empresa que han configurado los Estados Unidos y la Europa del siglo XX: Herbert Hoover, Franklin Delano Roosevelt, Henry Ford., Benito Mussolini…

La originalidad de José Luis Orozco

Después de leer las más de 500 páginas de estos dos libros, el autor me ha dejado una impresión sobre todas las demás: soltura. Tiene una habilidad especial para dejar que los personajes se expresen, como si estuvieran narrando su aventura existencial o sintetizar sus hallazgos más importantes. Este arte lo ha debido de adquirir Orozco después de escribir no pocos libros: Sobre el orden liberal del mundo, Sobre la filosofía Norteamericana del poder, El Estado pragmático, Pareto: una lectura pragmática, Pragmatismo e inteligencia política global, Benjamín Franklin y la fundación de la República Pragmática, De teólogos, pragmáticos y geopolíticos y Globalismo e inteligencia política (compilador). Por prudencia, no me gusta decir que algún autor “es el mejor en…”, porque siempre puede surgir alguien que me haga reparar en un autor de mayor estatura intelectual. Lo que sí agradecería es que alguien me indicase si conoce a algún estudioso del Pragmatismo que esté a la altura de Orozco. Son muchos años y muchos esfuerzos los que ha dedicado a estudiar esta filosofía. Por eso, puede permitirse dejar que hablen los protagonistas, pero claro está, el autor no desaparece en el sentido estricto del término. Entonces, ¿dónde notamos ese dominio del asunto que Orozco muestra? En primer lugar, por las categorías que escoge, los títulos y subtítulos de los diferentes capítulos, lo bien que hila el discurso, de manera que casi no advertimos los puntos de unión, porque los funde en una estructura narrativa y, también, por una adjetivación muy ajustada e irónica en no pocos casos.

 De cómo unas premisas políticas sirven de fundamento a un Imperio

Fijémonos en los títulos de los 8 capítulos de que consta el primer libro: I) Las repúblicas de la virtud y los nuevos principados del dinero; II) El nuevo comienzo de la Historia Universal.

El autor abre una panorámica impresionante, que evoca el optimismo y la amplitud de visión de los Padres Fundadores. Sin embargo, el panorama empieza a ensombrecerse y a tornarse dramático y trágico:

III) El rapto de la soberanía del pueblo; IV) De cómo el amigo se vuelve enemigo; V) El enemigo a las puertas; VI) La Teología de la represión; VII) El primer reinado del terror y VIII) Los laberintos de la Utopía.

“En términos de seguridad, la creación, ya en 1641, de una Confederación o Unión de las Colonias con poderes de guerra permite confrontar a la Nueva Francia y apropiarse de la colonia clave financiada por la Compa ía Holandesa de Indias. Esencial, en términos de espacios vitales, será la destrucción definitiva, en 1675 y 1676, de las posibilidades mismas de supervivencia de las poblaciones indígenas al sur de la Nueva Inglaterra. De igual modo que la visualización del enemigo al interior une a las colonias y anticipa su sentido del Estado, la participación activa en el comercio mundial permite visualizar a los enemigos al exterior, y con ello, anticipa el sentido de Nación” (P. 23.)

Lo que llama la atención, ya desde el primer capítulo, es la gran capacidad argumentativa de James Madison y Thomas Jefferson, que fueron amigos toda la vida, y de Alexander Hamilton, para defender sus puntos de vista en los trece Estados y en Europa. Si la comunicación política de quienes detentan el poder o aspiran a él siempre tiene en contra la comunicación política de otros que quieren alcanzar los mismos objetivos, hemos de reconocer que leyendo sus escritos nos damos cuenta de que sabían defender muy bien el mercado mundial que vislumbraban. Sobre todo, cuando se encuentran con obstáculos para sus designios, como eran entonces los piratas bereberes, que amenazaban el comercio marítimo por el Mediterráneo. Desde el principio, hablan de la seguridad como de un valor esencial para la supervivencia de la nación. Orozco escribe que es la categoría política maestra del rectorazgo estadounidense, arcana, oracular, tal como la propone John Jay. “Nos engañaremos siempre si creemos que cualquier nación en el mundo tiene o tendrá una deferencia desinteresada hacia nosotros”.

Alexander Hamilton siempre fue partidario de un Estado “respetable y enérgico”. Preocupado por la economía- llegaría a ser Secretario del Tesoro- sostenía que “Mantener la balanza comercial a favor de una nación debe ser el fin principal de su política”. El comercio internacional, con toda su aparente fluidez y sus supuestas leyes fundamentales, no es al fin sino un juego de ganadores y perdedores.

Al final, logran sustituir la competencia partidista por la competencia expansionista y Washington manda que las irrupciones imprevistas e indeseadas del exterior sean atajadas evitando entrar en contacto con la Política de cualquier nación más allá de lo que encuentren necesario regular su propio comercio. Así es como quieren librarse del agitado ambiente europeo y que su política exterior liberal se inserte en los intercambios del mercado.

El capítulo I establece las premisas sobre las que van a apoyarse los demás Capítulos y aquí me detengo, porque, de no hacerlo así, esta entrada saldría demasiado amplia.

Proseguiré.

Orozco, José Luis: Érase una Utopía en América. Los orígenes del pensamiento político norteamericano. México, Universidad Autónoma de México. 2008. 348 páginas.

La Odisea Pragmática. México, Universidad Autónoma de México. 2010. 186 páginas.

Máster Comunicación Política

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Otorrino Huelva

septiembre 9th, 2010 at 11:46 am

Suena muy interesante estos libros

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F.Valbuena

octubre 10th, 2010 at 11:35 am

Desde luego que sí. Confieso que no soy imparcial, porque he leído y escrito sobre los libros del Profesor Orozco. ¡Qué genio!. Profesores como él son grandes atractores, que hacen confiar en que la Universidad tiene remedio. La mejicana y la española.

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Acerca de este Blog

Felicísimo Valbuena de la Fuente es Licenciado y Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es Catedrático en la Facultad de Ciencias de la Información.

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