De la frivolidad como moda en muchos artículos de Ciencias Sociales

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9 Feb 2011

 

Al leer bastantes artículos de diversas revistas de Ciencias Sociales, me estoy dando cuenta de que muchos de ellos padecen la «falacia de la novedad». Sus autores tienen como teoría implícita, es decir, que la ejercen, aunque no la expresen con palabras, que lo mejor es lo último que se publica. Y esto, que puede ser cierto en algunos artículos de las llamadas «ciencias duras», resulta una frivolidad cuando lo aplican a las «blandas».

La importancia de los dialogismos

Un investigador puede encontrar por sí mismo los elementos geniales de su teoría. Sin embargo, es imposible que desarrolle una actividad científica continuada sin tener en cuenta a los demás con los que le ha tocado vivir – sean otros investigadores, discípulos o seguidores; o a pensadores e investigadores que le han precedido. Gustavo Bueno denomina dialogismos en presencia a los intercambios que, en forma de ense ñanza, Congresos, polémicas o descubrimiento de falacias caracterizan como simultáneos en el presente histórico a los sujetos que intervienen en el quehacer científico; los dialogismos en ausencia recogen las relaciones científicas entre sujetos ausentes, porque existieron en una época distinta de la actual.

«Es necesaria la “comunicación interpersonal”, a través de las generaciones, para llegar a la conclusión de que el cometa Halley de 1682 es el mismo que había sido visto por los astrólogos chinos en el 613 antes de Cristo, o el que se observó en 1910 o en 1986» – afirmaba Bueno en 1995. .

Everett M. ROGERS, el gran estudioso de la Comunicación de Innovaciones, de la Comunicación en las Organizaciones y de la Historia de la Comunicación, advertía a profesores y estudiantes de la facilidad con la que pasan por alto viejas contribuciones y perspectivas. La superficialidad acecha, si aquéllos no valoran a G. SIMMEL, John DEWEY, George H. MEAD, Robert Ezra PARK y Herbert BLUMER, entre otros.

El británico James CURRAN, representante de la Escuela Crítica o Radical, afirmaba hace veinte años:

«Asistimos a un nuevo Revisionismo, que va contra la tradición, pero que realmente es una vuelta a las sabidurías previamente recibidas más que un reconocimiento de lo nuevo…. En algunos casos, han desembocado en viejos platos pluralistas recalentados y presentados como nueva cocina».

Robert W. Mc CHESNEY, que pertenecía también a la Escuela Crítica o Radical, ha se alado la falta de esos dialogismos en los Profesores y estudiantes «críticos»:

«1.- Muchos manifiestan una sorprendente ignorancia de toda la tradición del pensamiento crítico social y político de los últimos 200 a os. Leen a FOUCAULT, Stuart HALL o, ¡Dios nos valga!, a BAUDRILLARD. Los más aventureros pueden haber buceado en las turbulentas aguas de GRAMSCI o ALTHUSSER. Pocos, sin embargo, han leído a MARX, ENGELS, ROSA DE LUXEMBURGO, LENIN, LUKACS, ADORNO, HABERMAS, VEBLEN, DuBOIS, SWEEZY o MILLS, o las más amplias tradiciones a las que estaban respondiendo e influenciando. Por tanto, en los primeros ochenta, los estudiosos críticos de la comunicación a menudo actuaban como si estuviesen haciendo una enorme revolución en filosofía de la ciencia al atacar la investigación corriente, cuando realmente estaban representando otro episodio -uno pequeño- en una batalla intelectual de dos siglos. El remedio es estudiar más y lograr que los estudiantes también lo hagan.

«2.- Tienen sólo unas nociones muy trilladas de las historias de los varios movimientos sociales -trabajadores, socialistas, derechos civiles, feminismo, etc.- de los últimos doscientos años. Si aspiran a cambiar el mundo, esta ignorancia desafía la comprensión. No puedo sino poner mis ojos en blanco cuando oigo a algún académico “crítico” rechazar todos los movimientos previos laborales y socialistas como racistas y sexistas, y por tanto insuficientemente puros, basados en el mejor de los casos en evidencia anecdótica, cuando esas personas nunca han levantado un dedo para el cambio social y probablemente nunca lo levantarán».

Todd GITLIN, un teórico que tiene aciertos geniales, lamentaba también el estado de cosas que contemplaba. Un signo muy preocupante de los tiempos que corren – que corrían hace ya hace veinte años- es la disminución de las revistas de pensamiento. En su lugar, aumentan las revistas especializadas que recogen los artículos con los que una serie de selectos quieren hacer carrera con un estilo escolástico barroco. No es extraño el empobrecimiento del ambiente intelectual general.

«¿Cuántas veces puede oírse ahora a dos estudiantes universitarios discutiendo sobre una novela que han leído fuera de clase? ¿O sobre un artículo de prensa?. Leer por placer parece hoy un gusto estrafalario, el equivalente al gusto por la costrucción de trenes de juguete. Los estudiantes universitarios ignoran las tradiciones literarias, filosóficas o artísticas; no leen periódicos; y los estudiantes no educados se convierten en profesores sin educar. El empobrecimiento tanto de escritores asequibles como de lectores interesados se agrava aún más con las miles de horas infantiles saturadas de televisión».

Jerome BRUNER, el famoso autor de la Psicología Cognitiva afirmaba:

«Todavía estamos extrayendo rica sustancia de nuestro más distante y pre-positivista pasado: Chomsky reconoce su deuda con Descartes, Piaget es inconcebible sin Kant, Vygotsky sin Hegel y Marx, y el en tiempos altísimo bastión de la “teoría del aprendizaje” fue construido sobre fundamentos dejados por John Locke… y si miramos más allá de las fronteras de la psicología “oficial” a nuestras disciplinas hermanas en las ciencias humanas, nos choca la viva renovación del interés en las cuestiones clásicas que, desde 1879 (a o en que Wilhelm Wundt fundó su laboratorio de psicología experimental) suscitaron Nietzsche y Peirce, Austin y Wittgenstein, Jakobson y de Saussure, Husserl y Cassirer, Foucault y Searle».

Dos de las personas más interesadas en tomar el pulso a la Teoría de la Información y de la Comunicación fueron Steven CHAFFEE -el pesimista- y Everett ROGERS -el optimista- en diálogos que reprodujerom como artículos.

ROGERS: «Para mí, la pregunta central es: ¿Desarrollaremos teorías unificadoras de la comunicación que atraigan la atención de investigadores futuros, aparte de si los canales son los mass-media, cara-a-cara o tecnologías interactivas?»

CHAFFEE: «Como pesimista en este diálogo, me pregunto si la coherencia de visión de pensamiento, exigirá que trabajemos duro para imaginar teorías unificadoras de la comunicación, y que aclaremos a nuestros estudiantes que están entrando en un amplio campo más que en una de sus muchas subdisciplinas en competición ».

La gran utilidad de estos dialogismos es que ponen sobre la mesa los problemas, no los ocultan. Es el primer paso para resolverlos. Sí, los dialogismos son esenciales en la enseñanza, en la ciencia como explicación, en los momentos polémicos y conflictivos y en los descubrimientos de falacias. Y para escribir algo que tenga sentido sobre estos asuntos hace falta saber filosofía.

Ahora que las Facultades de Filosofía llevan una vida mortecina, es cuando más necesitamos de los grandes filósofos, si no queremos que muchos artículos «científicos» de hoy se conviertan en materia para los humoristas presentes y futuros. Desde luego, yo encuentro más Filosofía y Comunicación Política en el humor de El Roto que en muchos artículos «profesionales» que no tengo más remedio que leer para ver cómo marcha nuestro campo.

 

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Ignacio Jiménez

febrero 10th, 2011 at 12:01 am

Félix
El tema que tocas es crítico. A mi personalmente me preocupa mucho la involución académica, intelectual y crítica en general. El culto a las escuelas de negocio en detrimento de la universidad creo que ha tenido mucho que ver. Entre otras cosas porque fomentan esa huida hacia adelante que comentas que desprecia los estudios pasados y en muchos casos se centran en reformular teorías pasadas con fórmulas efectistas que se empaquetan en forma de libros de management. Ya lo dijo Zygmut Bauman, cuando patinamos sobre hielo quebradizo, la única manera de salvarnos es yendo más rápido.

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Acerca de este Blog

Felicísimo Valbuena de la Fuente es Licenciado y Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es Catedrático en la Facultad de Ciencias de la Información.

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