TÉCNICAS PARA PERFECCIONAR LA COMUNICACIÓN (2): DESCRIPCIÓN DE CONDUCTA Y DESCRIPCIÓN DE SENTIMIENTOS.

En: Comunicación y Análisis Transaccional

30 Oct 2013

Como continuación de la entrada anterior, abordo ahora el estudio de las técnicas que puede utilizar un emisor para perfeccionar sus destrezas comunicativas: Descripción de conducta y Descripción de sentimientos. Es una aportación de John Wallen que hemos de mantener viva porque realmente es muy valiosa y útil.

Reproduzco el mismo grabado para ilustrar las dos técnicas de las que me voy a ocupar.

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DESCRIPCIÓN

Una descripción de un acontecimiento se ocupa de las creencias existenciales, directamente observables, especificas.

a) Sólo es posible después de observar.

b) Sólo la puede realizar el observador y depende de las capacidades y competencia del observador.

c) El marco de referencia es lo que uno observa sin ir más allá.

d) Se aproxima a la certeza.

DEDUCCIÓN

Una deducción se ocupa de creencias derivadas y generaliza estímulos, rasgos de personalidad, emociones, actitudes y valores.

a) Puede hacerse en cualquier momento.

b) Cualquiera puede hacerla, sea competente o no.

c) El marco de referencia sólo está limitado por la imaginación de quien infiere.

DESCRIPCIÓN DE CONDUCTA

La descripción de una conducta no es un juicio de valor. No se trata de lo que Milton Rokeach llamaría “creencias inconsecuentes” o referentes a cuestiones de gusto. No se trata tampoco de proyectar los propios sentimientos sobre los acontecimientos del ambiente. Se trata, por el contrario, de manifestar lo que estamos observando, de manera que los comunicadores tengan la imagen más clara posible de lo que esta ocurriendo. La descripción de la conducta puede ir acompañada de alguna de las otras técnicas y destrezas.

La descripción de la conducta debe aportar evidencia directa, susceptible de ser captada por cualquiera. Para lo cual, conviene emplear expresiones como “yo veo que…”; “me doy cuenta de que…”; “he oído que decías…”

Juicios de valor

“Teodomiro es un monopolizador de la conversación.”

“No se conforma con tener un nombre que llama la atención. Quiere ser la salsa de todos los platos.”

“Es sencillamente In-so-por-ta-ble. Y punto.”

“Teodomiro: Tú eres de los que no saben de qué va la cosa, pero siempre hablan para oponerse.”

“Teodomiro: Eres un plomo y no haces más que echar plomo hirviendo en los oídos de quienes te escuchamos.”

“Augusto está comenzando a tener lo que puede ser un cáncer de laringe.”

“Augusto: Eres un fumador empedernido. “

“Esto es el colmo. Tenemos que volver a la bicicleta.¿Para qué tanto progreso?”

“Los árabes están atentando contra el derecho irrenunciable que cada coche tiene a toda la gasolina que pueda consumir”

Descripciones de conducta

“Teodomiro ha hablado más que otros sobre este tema. Ha interrumpido varias veces a los demás antes que estos acabasen.

“Teodomiro, pienso que has intervenido bastante y además te has opuesto, la mayor parte de las veces, a las opiniones de Andrés y Fernando.”

“Augusto tiene cierta dificultad al hablar. Carraspea con frecuencia”

“Según venía al trabajo, he visto a cinco vehículos soltando mucho humo por el tubo de escape.”

“He visto al ministro decir en televisión que quizá haya que racionar la gasolina, respetando, por supuesto, a los usuarios.”

De todo lo anterior podemos concluir que las personas que no se dejan llevar por una codificación rápida, distinguen en los mensajes lo que se puede verificar y aquello que es, más bien, expresión subjetiva del emisor del mensaje. El Adulto “pone al día” los juicios del Padre y los “sentimientos” del Niño. Sin embargo, cuando se trata de valores, el Adulto sabe que, independientemente de su existencia, el hombre tiene la capacidad de elegir unos determinados valores e ignorar otros. Por eso, toma los juicios de valor en lo que tienen de subjetivo.

Conviene dejar en claro una distinción muy importante. Una cosa es aceptar o condenar un valor porque nos gusta o disgusta, porque pensamos que está bien o mal, y otra muy distinta juzgar la dirección que tiene un determinado juicio de valor, independientemente de que nos agrade o no. Ahora bien, ¿podemos separar la aceptación o condena de ese señalamiento que un valor tiene? Digamos desde aquí que si, aunque dejo su demostración para otro momento.

Podemos perfeccionar con la práctica cómo captar una conducta y cómo describirla. La persona que sabe activar su Adulto tiene muchas más probabilidades de no equivocarse al interpretar los acontecimientos, porque tiene experiencias pasadas de haber atinado con el sentido exacto de una realidad concreta.

DESCRIPCIÓN DE SENTIMIENTOS

Es difícil saber expresar los propios sentimientos. Hay sentimientos que se manifiestan en:

Cambios corporales: ritmo cardíaco, respiración, sonrojo, sudor, llanto, temblor.

Acciones: abrazar, reírse, golpear, mirar o desviar la mirada, abrazar, morderse los labios.

– Palabras: que adoptan estas formas:

– Órdenes: “¡Cállate !”

– Preguntas: “¿Estás convencida de que reconocerá a mi hijo?”

– Acusaciones: “Lo que más me sulfura de ti es que eres más lento que el caballo de un fotógrafo.

– Insultos: “Eres un sangre de horchata; un corazón de corcho.”

– Juicios:

* De aprobación: “Es fantástica, sensacional, maravillosa, caleidoscópica.”

* De desaprobación: “Estoy hasta aquí de sus genialidades.”

Además, personas diversas pueden expresar un sentimiento especifico de forma muy diferente. Lo que en uno es ira expansiva y parece que se le van a saltar las venas, en otro es ira espasmódica, y su cara se torna blancuzca por el rencor. Por otra parte, cuando una persona expresa un sentimiento, está procesando información de muy diversas fuentes: estado interno, propósito que se tenía y que no se ha logrado, pautas anteriores de expresividad, etc. La persona está alegre o triste, o deprimida, o entusiasta, pero no sabe por qué ni que ha contribuido decisivamente a su estado de ánimo en muchas ocasiones. Por eso, saber expresar específicamente qué es lo que nos está pasando, requiere una destreza especial.

Para describir los sentimientos propios conviene dar los siguientes pasos:

a) Referirse a “yo”, “me” o “mi(o)”, y

b) Especificar la clase de sentimiento por nombre, símil, estimulo de la acción, u otra figura de discurso.

Véase la diferencia entre expresión y descripción.

EXPRESIÓN

Una persona se sonroja y no dice nada.

Una persona se calla de repente en medio de una conversación.

“Ella es una persona maravillosa.”

“¡Cállate!”

“No debías haberme comprado un regalo tan caro”.

Podemos tomar cada línea, que corresponde a una expresión, y convertirla en una

DESCRIPCION

“Me siento avergonzada.”

“Me siento complacida.”

“Me siento molesta.”

“Me siento enfadada.”

“Estoy preocupada con esto.”

“Me siento como si me hubiesen abofeteado.”

“Me gusta su sentido del humor.”

“Respeto sus habilidades”

“La quiero, pero siento que no debería decirlo así.”

“Me ofende demasiado oír más cosas.”

“Estoy enfadado conmigo mismo.”

“Estoy enfadado contigo.”

“Me gusta realmente tu regalo”

“Me siento obligado contigo y estoy resentido por ello.”

“Me siento inferior a ti cuando pienso en el regalo tan barato que te hice.”

(John Wallen)

Al describir los sentimientos propios, el emisor está ayudando a perfeccionar la relación con el receptor.  Además, la persona puede concluir que sus sentimientos están basados en un mal procesamiento de la información.  En resumen, la descripción de los  sentimientos propios reduce la incertidumbre de la relación.

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Acerca de este Blog

Felicísimo Valbuena de la Fuente es Licenciado y Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es Catedrático en la Facultad de Ciencias de la Información.

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