LO QUE VIENE BIEN PARA LA COMEDIA O LA TRAGEDIA PUEDE ENCAJAR MAL EN LA VIDA

En: Comunicación Empresarial|Comunicación Institucional|Comunicación Política

16 Jun 2014

Algunas veces me he ocupado de lo que Eric Berne pensaba sobre Hamlet, que era algo parecido a esto: ¿No hubiera sido mejor que Hamlet hubiera comunicado mejor con Ofelia, se hubieran casado, hubieran tenido hijos y posiblemente hubieran sido felices? Claro que, entonces, no tendríamos la tragedia de Shakespeare.

Lo mismo ocurre con algunas comedias. Sobre todo, las que basan su humor en la llamada “ironía dramática”, es decir, cuando bien el lector, el espectador o uno de los personajes saben lo que ha ocurrido, mientras los demás se mueven en la confusión o lo pasan mal.

La atención que una persona dirige a una cosa crea significado, pero como no puede alcanzar la visión total de un golpe, la atención recorre diferentes puntos.

Sin embargo, cuando alguien piensa o acepta que sólo desde una perspectiva puede llegar a una visión total, o cuando la persona se centra sobre las partes y no sobre el todo, la atención se “hiela”, pierde dinamismo, y llega a situaciones absurdas.

Esto lo vio muy claramente Alfred Korzybski, el creador de la Semántica General. Y sus observaciones, convertidas en anécdotas o en chistes, persisten hasta hoy.

CASO DEL BESO Y DE LA BOFETADA

Escenario: Un compartimiento de ferrocarril.

Época: Actual. Un primero de agosto cuando multitud de personas van a veranear a las playas.

Personajes: Los únicos ocupantes son: una madre española y su hija de diecinue­ve años; un muchacho joven, de veinticinco años que trabaja en Alemania y un turista ex­tranjero, que está leyendo una revista.

Acción: Acaban de bajarse dos ocupantes en la última parada. Los que quedan están poniéndose cómodos y el tren se adentra en un túnel. De pronto, se oye un beso y una sonora bofetada. Al salir del túnel, ninguno de los viajeros habla.

Reacciones (pensadas) de cada personaje

Madre española: “Así se educa a las hijas, como lo he hecho yo. Estoy segura de que podrá andar con tranquilidad por esos mundos de Dios, ahora que hay tantas violaciones. Sabe cuidarse sin necesidad de aprender defensa per­sonal. Cuando se lo diga a mi marido, va a estar más orgulloso de lo que estoy yo ahora.”

Hija: “Bien, mi madre es una persona mayor como para no molestarle un beso. Además, los chicos son majos. Pero, ¡hay que ver la fuerza que tiene!”.

El turista extranjero: “Ya me habían dicho que los españoles eran atrevidos, pero yo no pensaba que lo eran tanto. Roban un beso y consiguen que la torta se la lleve otro”.

El joven emigrante: “Desde luego soy un tío listo! Me he besado mi propia mano y he pegado una torta al turista”.

Menos el emigrante, en quien había comenzado y acabado la acción, y por tanto poseía el significado completo de la misma, los demás se quedaron sin compren­der que había ocurrido realmente. No avanzaron hacia la comunicación interper­sonal para aclarar el significado y, por tanto, se quedaron con una interpretación subjetiva e inexacta de lo que había ocurrido.

La situación es graciosa para el emigrante y para nosotros, que nos hemos enterado de todo el panorama. Sin embargo, el turista experimenta lo que llaman “sufrimiento cómico”. Cómico, sí; llevadero, sí; pero sufrimiento.

LEYENDA HINDÚ

Seis hombres ciegos trataban de averiguar por sí mismos a qué se parecía un ele­fante. El primero tocó la parte lateral del animal y dijo que se parecía a una pared. El segundo tocó un colmillo, y se convenció de que el elefante se parecía a una lanza. Otro agarró la trompa y pensó que el animal era como una serpiente. El cuarto ciego colocó sus brazos alrededor de una pierna y pensó que el animal era como un árbol. El siguiente tocó la oreja del elefante y pensó que se trataba de un abanico. El último de los ciegos agarró la cola y pensó que el elefante se parecía a una cuerda.

Los seis hombres se apegaron a su opinión sobre lo que es un elefante. Aunque todos en parte tenían razón, cada uno pensaba que su opinión era la única correcta y que los demás estaban equivocados; por tanto, ninguno intentó averiguar la verdad.

Eleanor Hein  aplicó esta leyenda a la Enfermería y lo ilustró con estas figuras (Communication in Nursing Practice, Págs. 88-91).

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Desde luego, el enfermo no sale beneficiado por esas visiones parciales. Menos mal que esto es un ejemplo. Por cuestiones profesionales, he tratado a muchas/os enfermeras/os y tengo una opinión excelente sobre cómo trabajan. Lo que más me llama la atención es su gran capacidad para interpretar lo que le pasa a los enfermos partiendo de lo poco que éstos hablan en muchas ocasiones.

Podría poner más casos de la Comunicación Política y Empresarial. Los malentendidos resultan graciosos en algunas ocasiones, aunque en otras pueden acarrear consecuencias desastrosas.

FORMAS DE “DESHELAR” LA ATENCIÓN

Hay dos maneras fundamentales de “deshelar” la atención. Una consiste en cam­biar de perspectiva y dirigir la atención a aspectos distintos de la situación. Vendría a ser como el sacar diferentes “tomas” de una misma realidad, hasta que obtener una visión de conjunto de la situación. Ha habido directores de la Época de Oro del cine que lo sabían hacer muy bien. Estoy pensando en Sam Wood y en su película Kings Row . Prefirió ir mostrando la ciudad poco a poco, no con una panorámica inicial. Quien escoja el cambio de perspectiva, puede lograrlo  “orientándose” hacia el mundo de los demás, incluso sin intercambiar gestos ni palabras con ellos, por simple reflexión. Así llega a la síntesis, que es la forma de pensar de la Edad de los Sistemas, en la que vivimos.

Otra manera de “deshelar” la atención consiste en adquirir información de retorno mediante el trato con los demás, para verificar nuestras impresiones. En muchas situaciones de la vida social es enteramente necesario contar efectiva y directa­mente con los demás, no sólo cuando estamos planificando interiormente. El “es­pejo” de los demás nos ayuda a adquirir control sobre nuestras impresiones y ac­ciones. Lo que ocurre, en muchos casos, es que la vanidad  y el falso orgullo se imponen a la necesidad de estar bien informado. Y sin embargo, ¡qué bueno para la vida resulta anteponer la  búsqueda de información a querer quedar por encima de los demás!. Ésta es una de las claves de la educación emocional.

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Acerca de este Blog

Felicísimo Valbuena de la Fuente es Licenciado y Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es Catedrático en la Facultad de Ciencias de la Información.

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