LA IMPORTANCIA DE ESTUDIAR LAS FALACIAS EN COMUNICACIÓN

En: Comunicación Empresarial|Comunicación Política

15 Feb 2012

No hay demasiados libros escritos sobre falacias. Hay menos traducidos al español. En concreto, contamos con el «Tratado de los sofismas» , de Jeremy Bentham, que fue traducido en 1824, nada menos. Sí, hace casi doscientos años, pero es posible que quienes no sepan inglés puedan acceder a ese libro, aunque sea en la Biblioteca Nacional. Y cualquier día un internauta culto y valeroso puede colgarlo en la Web.Sin embargo, hay un libro extraordinario sobre las falacias que ninguna editorial ha publicado en español. Un libro que es mucho mejor que la mayoría de los miles y miles de libros que aparecen cada año en las librerías. Me refiero al libro «Historian’s Fallacies. Toward a Logic of Historical Thought». Su autor es David Hackett Fischer, y lo publicó en 1969.Creo que ya lo he leído siete veces, y en cada lectura encuentro más y más aspectos intelectualmente fértiles y con un gran sentido del humor. Es un libro divertidísimo.

¿Por qué es tan importante estudiar las falacias?

Porque el intercambio de ideas, las disputas filosóficas, intelectuales, jurídicas, históricas… y comunicativas hacen que las disciplinas adquieran solidez. Quien quiera dedicarse a ser un político o empresario con éxito, debe conocer las falacias, para que no le sorprendan en alguna de ellas.  Un político serio, de verdad, y lo mismo un empresario, tiene que acostumbrarse a moverse en medio de un campo de minas. Porque las falacias conforman un campo de minas. Y quien quiera dedicarse a la Comunicación Política y Empresarial, también ha de estudiarlas, conocerlas y explicar cómo desmontarlas. Y no con el dramatismo de un artificiero sino con el sentido del humor que ha de acompañar a la Comunicación Política y a la Empresarial.

Si no hay ese intercambio de ideas, dejamos libre el campo a los cantamañanas, a los cuentistas, a los que siempre están subiendo al Monte Camelo. He pensado muchas veces por qué tienen tanto éxito las series sobre abogados. Creo que la razón última está en el intercambio de argumentos, el avance de pruebas, el desmontaje de esas pruebas, y cómo al final gana un juicio quien más equipado está para hacer ver las falacias de los acusados, de los testigos y de los expertos.Hackett Fisher divide su libro en doce grandes apartados de falacias sobre: Planteamiento de preguntas; Verificación de hechos; Importancia de los hechos; Generalización; Narración; Causación; Motivación; Composición; Analogía falsa; Distorsión semántica y Distracción substantiva. Y dentro de cada uno de estos apartados distingue diversos tipos de falacias.

Una lectura muy atractiva: Las tres variedades de las falacias tautológicas


Voy a poner un ejemplo del estilo de Hackett Fischer. El fragmento que he escogido es extenso, pero así es como podemos darnos cuenta del cómo escribe.
«La falacia de las cuestiones tautológicas es el encuadre de las cuestiones de tal manera que resultan verdaderas por definición y no pueden ser contradichas empíricamente sin producir una auto-contradicción. Una cuestión tautológica no es una cuestión en absoluto, sino una declaración. Además es doblemente declarativa, pues no pregunta nada y afirma la misma cosa dos veces.
Hay tres variedades comunes de cuestiones tautológicas en la historia escrita. La primera y más común es la proposición simple de que todas las cosas que son P son efectivamente P. La famosa primera ley de Calvin Coolidge de la Economía Política es un ejemplo familiar. “Cuando las personas no tienen trabajo”, se dice que el autor afirmó, “se produce el desempleo”. Pero la segunda ley de Coolidge no es tautológica, aunque pueda parecerlo. “El negocio Americano son los negocios”, dijo, lo cual es un equívoco. “Negocio” se usa aquí en dos diferentes sentidos para sostener el argumento de que el primer interés de América debería ser el capitalismo.
Un ejemplo historiográfico de esta forma simple de “P es P” es un artículo sobre el radicalismo publicado el 18 de junio de 1961 por Eric Goldman en The New York Times. Goldman se preguntaba: “¿Por qué algunos agitadores espectaculares sacan adelante su causa, mientras otros no lo hacen?”. Ante un público de miles de lectores, el autor gruñía y se retorcía en su lecho de agonía conceptual para finalmente, con gran profusión de adjetivos grandilocuentes, sacar de su magín la siguiente hipótesis: “Todos los agitadores radicales, para tener éxito, deben hacer historia” .Si la expresión “hacer historia” significa alguna cosa, será precisamente un sinónimo del éxito. Y si es así, la profundidad de miras del Sr. Goldman consiste en una proposición hipotética que afirma: “todo agitador radical, para tener éxito, debe tener éxito”.
Otro ejemplo del mismo tipo de error aparece en El auge del Puritanismo, distinguida obra de síntesis creativa de William Haller. Una de sus tesis principales es sin embargo una proposición “P es P”. “La causa del desarrollo sucesivo de las tendencias centrífugas del Puritanismo”, escribe el Sr. Haller, “fue el apoyo puritano al individualismo religioso en el curso de la democratización acelerada de la sociedad inglesa”. Una crítica detallada de este trabajo ha mostrado que dada la definición de Haller “casi llega a afirmar que el individualismo fue la causa del auge del individualismo en condiciones favorables al individualismo”.
Un segundo tipo de tautología consiste en la proposición de que todas las cosas que son P y Q son P. Por ejemplo: “todos los vagones rojos son rojos”. El Dr. Benjamin Spock con cierta dureza recuerda a las madres estadounidenses que “todos los bebés son jóvenes” (N de T.: la expresión “young baby” para dirigirse a un bebé es común en inglés). El Dr. Barrington recuerda solemnemente a los conservadores americanos que todo cambio radical revolucionario es violento, afirmación que parece bien en una primera impresión. Pero la idea de Barrington Moore de una revolución radical considera la violencia como un rasgo central y selectivo. Señala el capítulo más sangriento de la historia estadounidense, la guerra civil, como el más revolucionario, e ignora otros períodos y procesos que fueron más revolucionarios, y también más radicales en sus efectos, pero menos violentos, o incluso pacíficos, en sus desarrollos. Así el argumento de Moore se convierte en la hipótesis de que “todo cambio violento revolucionario es violento”. Para adelantarme a una acusación de maltrato ideológico, me apresuro a añadir un ejemplo conservador. El Presidente William McKinley declaró una vez que “nuestro pasado había pasado a la historia” en un discurso pronunciado el 30 de abril en Memphis, Tennessee, y que fue el último que pronunció antes de pasar él mismo a la historia.
La tautología “Todas las cosas que son P y Q son P” debe distinguirse claramente de “Todas las cosas que son P son P y Q”, que es tautológica en su primera parte, “P es P”, pero que supera la mera tautología. Consideremos la afirmación atribuida a Marshal Turenne, “Quien jamás ha cometido errores en la guerra jamás ha hecho la guerra”, que no es igual que la afirmación “Quien comete errores en la guerra hace la guerra” o “Quien comete errores en la guerra comete errores”.
Se ha aducido alguna vez que todas las hipótesis, o al menos las hipótesis explicativas, son tautológicas.  Seguramente esto es un error. La generalización explicativa de Crane Brinton, según la cual las revoluciones sociopolíticas tienden a ocurrir en sociedades relativamente prósperas, progresistas y “superiores económicamente” no es una tautología. La hipótesis causal explicativa de Pieter Geyl de que la diferencia entre los flamencos y los holandeses no fue causada por diferencias raciales sino por “la situación geográfica de Holanda” no es una tautología. La hipótesis paradigmática explicativa de Max Weber, de que existe una interacción funcional entre la ética protestante y el espíritu del capitalismo no es una tautología. Una hipótesis teórica explicativa como la teoría cuantitativa del dinero, en la forma de una aserción de que, siendo todas las condiciones iguales, el valor del dinero es directamente proporcional a la cantidad de dinero y a su velocidad de circulación, no es una tautología. Todas estas hipótesis pueden ser correctas o equivocadas, pero no son tautológicas. Pero insistir, como algunos filósofos de la historia analíticos han hecho, en que no son explicaciones es en sí mismo una tautología.

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Acerca de este Blog

Felicísimo Valbuena de la Fuente es Licenciado y Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es Catedrático en la Facultad de Ciencias de la Información.

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