Gallardón quiere ser Presidente del Gobierno

En: Comunicación Empresarial|Comunicación Política

16 Jul 2011

Alberto Ruíz-Gallardón, Alcalde de Madrid por tercera vez, ha decidido, también por tecera vez, presentar a Madrid como candidata a los Juegos Olímpicos de 2020. Gallardón había fracasado en las dos ocasiones anteriores, después de haberse gastado muchos millones en su empeño. Dediqué una entrada en este Blog a criticar la forma lamentable en que Gallardón y casi todos quienes componían la Delegación española tuvieron de presentar esa candidatura (Ver “Madrid como ciudad candidata a los Juegos Olímpicos, 5-9-2009).

Ante la persistencia de Gallardón, he llegado a la conclusión de que lo que Gallardón desea, de verdad, es ser Presidente del Gobierno de España. Quiero dedicar esta entrada y la siguiente a razonar mi punto de vista.

 El Rol político: a) Gallardón como hombre público

 Encuadraré la figura de Gallardón en un Modelo que Dan Ninmo y Robert Savage aplicaron, hace ya 35 años, en 1979, y les dio muy buen juego para interpretar realidades de la comunicación política. Concretamente, en su obra Candidates and Their Images. Dan Ninmo fue uno de los autores más importantes en Comunicación Política.

Partieron del concepto de “rol”, es decir, de la conducta que los públicos esperan de alguien que ocupa una determinada posición. La esperan porque les importa, porque les afecta. Los expertos del candidato estudian precisamente cómo va a aparecer el candidato ante sus votantes. Por tanto, tienen una concepción sobre el candidato, que les lleva mucho tiempo elaborar. Aunque luego hablen de “imagen”, con lo que están tratando realmente es con el “concepto” que los públicos esperan.

El candidato desempeña un rol político, cuando realiza acciones para ser líder en su circunscripción o en toda la nación. Ahora bien, vemos esas acciones agrupadas alrededor del candidato como hombre público y como representante de un partido.

Como hombre público (a ver cuándo desaparece el matiz peyorativo de “mujer pública” ) o líder, al público le interesan las acciones del candidato en su vida presente y en la actualidad. Las experiencias y logros en puestos anteriores pueden ser la mejor garantía para preferir a ese candidato. Igualmente, sus acciones pasadas pueden ser la vía más directa hacia su fracaso electoral.

Al ser hombre de partido, el candidato muestra un programa. Cada vez va habiendo menos diferencias en los programas de los partidos en muchos países. Sin embargo, pueden seguir “vigentes”, es decir, con vigor y fuerza, una serie de clichés verbales, de fijaciones y complejos que diferencian a unos candidatos de otros, aunque vengan a decir cosas parecidas  sobre economía, agricultura, turismo, paro, drogas…

Dejaré el rol estilístico de Gallardón para la próxima entrada y me centraré en su rol político.

Como hombre público, Gallardón ha sido Presidente de la Comunidad de Madrid durante ocho años, hasta que decidió maniobrar en el partido y convertirse en candidato a Alcalde de Madrid. Desplazó a un gran alcalde, Álvarez del Manzano, y decidió hacerse muy visible ante los madrileños y ante los españoles. Acometió una obra faraónica como el soterramiento de la M-30 y otras obras que parecían no tener límite. El resultado es que Gallardón cambió algunos aspectos de Madrid, pero lo endeudó en 7.500 millones de euros. Es decir, convirtió a Madrid en la ciudad más endeudada de España, mucho más que cualquier otra. O dicho de otra manera, como empresario Gallardón causó grandes pérdidas. No hay comunicación empresarial que pueda justificar semejante desfase, porque Gallardón ha pasado esa deuda a generaciones posteriores de madrileños.

Por otra parte, Gallardón ha entregado la vida cultural de Madrid a los catalanes. En efecto, la concejala de las Artes, Alicia Alonso, hija de Nuria Espert, se ha dedicado, durante los últimos ocho años, y en los cuatro próximos, a favorecer a los catalanes, como si los demás españoles no valieran para esas actividades. Con algunas excepciones, claro está, porque así queda más adornado el pastel. ¿Por qué Gallardón tomó esa decisión y persiste en ella? Responderé a esta pregunta en la próxima entrada, cuando me ocupe del rol estilístico.

De momento, resalto que este afán ilimitado de construcción y de lo que él cree elitismo cultural de los catalanes forman parte indudable de su manera de entender la comunicación política.

 El Rol político: b) Gallardón como hombre de partido

 Hay dos personajes en la vida política española que tienen una característica en común: se les viene pequeño el ámbito donde podrían realizar un buen trabajo político: Juan Fernando López Aguilar, en el PSOE, y Alberto Ruíz Gallardón en el PP. Al primero, que podría haber desarrollado una gran carrera política en Canarias, no le gusta vivir permanentemente en su tierra. Es Catedrático de la Universidad de Las Palmas, pero le encanta Madrid. No sé si le ilusiona Europa. A él le hubiera encantado ser Ministro de Asuntos Exteriores, porque le gusta viajar y sabe idiomas. Y se ha quedado en tierra de nadie, con una imagen muy confusa.

Gallardón pertenece al Partido Popular, pero ni él parece sentirse muy a gusto en este partido, ni muchos de los militantes le consideran uno de los suyos. Ha creado más problemas que nadie dentro del partido, por su enfrentamiento constante con Esperanza Aguirre. Lo cual no conllevaría desdoro alguno, si no fuera porque en estos enfrentamientos, Gallardón ha mostrado que es de una gran torpeza y que le hace falta adquirir mucho más sentido de la realidad política. Gallardón lanzó a su mano derecha, el Vicealcalde Manuel Cobo, contra Esperanza Aguirre y el resultado fue un ridículo espantoso para los dos hombres. No deben de tener ni un cinco por ciento de apoyo dentro del PP madrileño.  En Estados Unidos, Gallardón y su mano derecha, Manuel Cobo, serían pasto de los humoristas. Sólo hay que ver los resultados de las últimas elecciones autonómicas y municipales. Esperanza Aguirre ha conseguido 60.000 votos más que Gallardón en la ciudad de Madrid. Eso indica que a muchos madrileños no les gusta el déficit que Gallardón produce. Y en cualquier Partido que hubiera funcionado normalmente, Gallardón y Cobo se hubieran retirado a la vida privada, a esperar tiempos mejores, porque el orgullo bien administrado rinde mucho en política. Sin embargo, Gallardón desconoce lo importante que es crear escasez.

¿Podemos afirmar que Gallardón comparte las premisas del Programa del PP? No, porque si el PP proclama la austeridad en su programa, a renglón seguido viene Gallardón a romper esas premisas.

Si comparamos las maniobras de Gallardón con las que realizó el actual Presidente ded México, Felipe Calderón, vemos que está muy distante de éste. Felipe Calderón tiene tanta confianza en sí mismo y habla y debate tan bien que se enfrentó a su partido; ganó; se enfrentó al entonces Presidente de su partido, el PAN, y de México, Vicente Fox; ganó; se enfrentó a cinco candidatos en la campaña electoral; y ganó.

Como a Gallardón le falta esa confianza en sí mismo, como no es, ni de lejos, un buen orador, tiene que utilizar otras vías. ¿Cuáles son éstas? Me ocuparé de ellas y de otros aspectos en la próxima entrada.

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Acerca de este Blog

Felicísimo Valbuena de la Fuente es Licenciado y Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es Catedrático en la Facultad de Ciencias de la Información.

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